Esta semana hice turismo en la ciudad donde vivo y fue maravilloso, pues me di cuenta de que no hay que ir muy lejos para poder relajarnos, disfrutar y aprender sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos.
Salir de la rutina con la intención de respirar otro aire y concentrarnos en la experiencia del momento es un útil regalo que nos podemos dar. La realidad es que no hay que esperar a tener vacaciones ni invertir grandes cantidades de dinero para desconectarse un poco y recargar la pila.
No importa donde vivas, siempre hay cosas nuevas que descubrir o cosas viejas que puedes ver con una nueva óptica. Ya sea un árbol, unas flores, una puerta, un pajarillo, la forma de las nubes, alguna edificación, letreros, personas o simplemente, sentarte al aire libre y sentir tu respiración.
Es realmente energizante alejarse del móvil y el ruido habitual, aunque sea por un par de horas. Encontrar un poco de paz es posible, no por el lugar, sino por lo que está dentro de tu mente en ese momento en tiempo. Enfocarse exclusivamente en el presente hace una gran diferencia.
Te invito a que te regales un ratito sin planes específicos y camines por tus alrededores, sin pensar en ayer o en mañana. También puedes intentar una nueva ruta de regreso a tu casa y prestar atención a los detalles, pararte a saborear lentamente algún antojito o encontrar tres cosas en tu entorno por las cuales puedas sentir gratitud.
Cuéntame cómo te fue.